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En los últimos 6 meses, el CISP ha identificado y apoyado más de 22 emprendimientos que involucran a 354 familias y que contribuirán a mejorar las condiciones de vida de 1594 personas en Venezuela, Colombia y Ecuador.
El equipo del CISP ayuda a identificar potencialidades y a manejar las afectaciones en la salud mental causadas por el proceso migratorio y de condiciones de vulnerabilidad, además brinda apoyo legal para asegurar que las actividades productivas cumplan con los requisitos locales y regularizar la condición legal de las personas.
Las familias beneficiadas viven en condiciones de vulnerabilidad en zonas fronterizas de Apure, Táchira y Zulia, en Venezuela; y población migrante en comunidades de acogida en las provincias de Pichincha y El Oro, en Ecuador, y los departamentos de Arauca, Putumayo y Norte de Santander, en Colombia.
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“Acá llegué sola, prácticamente llegué pues con una mano adelante y una atrás, como quien dice, incluso mis documentos se me habían perdido, mi niño se me había quemado, y justo en ese momento llegó el CISP... yo no podía salir de acá porque no tenía documentos... en un momento que tenía todo alterado... en estos espacios en los que uno se siente solo... con muchas carencias."
Erika, 37 años
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Erika, una madre soltera que llegó a Colombia con sus dos hijos y prácticamente sin nada, hoy puede soñar con un futuro mejor gracias a su propio negocio de yogurt. Yergrid, una experta en embobinado de motores, que tuvo que dejar su ciudad y familia en Venezuela, pudo fortalecer su emprendimiento para aumentar las ventas, reiniciando su vida en Colombia. Horacio quien regresó a su país natal, después de haber hecho su vida en Venezuela desde muy joven, encontró apoyo para poder reinventarse a sus 67 años.
Personas como Erika, Yergrid y Horacio quienes han tenido que migrar y enfrentar sus propios retos, son acompañadas por el CISP en procesos de medios de vida.
Estas y otras historias demuestran la capacidad de resiliencia que puede tener la población migrante y la importancia de brindar oportunidades a quienes se encuentran en condiciones de vulnerabilidad social y económica. Con el apoyo del programa de medios de vida logran fortalecer y hacer más sostenible la generación de ingresos propios, también identificar posibilidad de ingreso y arrancar desde cero, con un acompañamiento integral.
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En la frontera con Ecuador, en una zona marcada por el conflicto armado y la producción de cultivo ilícitos, el CISP trabaja junto a la Institución Educativa Técnico Comercial La Dorada, que planteó una iniciativa innovadora para responder a las necesidades estudiantiles y del territorio.
El proyecto “La educación para la transformación y el emprendimiento” nace con el objetivo de desarrollar y potenciar una educación que permita a quienes estudian allí adquirir habilidades para desarrollar su proyecto de vida.
Allí asisten jóvenes venezolanos y colombianos, que están siendo impulsados por sus docentes a pensar en alternativas productivas, pero también en buscar soluciones a los retos que se presentan diariamente como centro educativo y como estudiantes. Muchos de quienes allí estudian, enfrentan dificultades para adquirir útiles o uniformes, y podrían ser apoyados con los ingresos del emprendimiento, contribuyendo a su permanencia en el sistema educativo y lograr un buen desempeño en las actividades escolares.
El profesor Jhon David, resalta la importancia de motivar a quienes participan: ”yo les digo mira vamos a hacer el producto, están aprendiendo a formular, pero la idea es eso, irles enseñando para que se lleven ese conocimiento, y para que ellos después puedan montar su emprendimiento, o para lo que ellos necesiten, como una idea de negocio más que todo”. (Ver vídeo)
La transformación, producción y comercialización son temas que se desarrollan con los estudiantes, cada grado involucrado es responsable de una etapa del proceso, en el marco de las materias del programa educativo como química y contabilidad. Involucra a niños, niñas y adolescentes entre los 11 y los 15 años, estudiantes de séptimo, octavo y noveno de secundaria, produciendo por ahora limpia pisos y aceites aromatizadores con esencias provenientes de sus propios huertos.
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Nuevas comunidades han reunido personas de diferentes partes de Venezuela y del estado Apure, cerca de Guasdualito. Allí, casi llegando a Colombia, se están uniendo para generar ingresos y aprender a trabajar juntos para poder subsistir. Estos grupos de personas con ganas de emprender han sido apoyados en esa región, donde además de mejorar sus condiciones de vida, han podido también apoyar a su comunidad.
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“Casi sin palabras de lo que hemos logrado, de lo que hemos construido, con el apoyo del CISP… esperamos que esto sea un proyecto de años, que nuestros hijos vayan adelante”. Así se expresaba, José Torres, uno de los participantes de la comunidad Santa Inés, sus emociones por el resultado de un largo proceso de formación, acompañamiento y acoplamiento del grupo que se ha unido para impulsar la cría de pollos en su comunidad.
En Santa Inés y La Virgencita, ubicadas en el estado Apure, en la zona fronteriza de Venezuela con Colombia, se unieron 20 personas para construir un futuro más próspero, con el apoyo de COSUDE y el proyecto implementado por el CISP Atención Integral a Población Vulnerable.
Las dos comunidades tienen características similares, son asentamientos improvisados, que se establecieron con familias locales, personas retornadas, personas que vinieron de otros estados a la zona fronteriza para trabajar, e incluso, en el caso de Santa Inés, una comunidad indígena que convive en las periferias.
A pesar de los desafíos iniciales, como la necesidad de construir consenso entre los miembros del equipo, las comunidades lograron superar los obstáculos y poner en marcha sus proyectos.
La cría de pollos se convirtió en una actividad central, generando ingresos que ha permitido apoyar a algunas familias de la comunidad con necesidades urgentes y sumar a la economía familiar de quienes están involucrados en el emprendimiento. El apoyo se realiza gracias a un fondo de ahorro creado en la planificación del proyecto, destinado a gestionar casos de emergencia; una necesidad identificada por la comunidad, por las situaciones vividas en el pasado.
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El reconocimiento de las acciones del CISP en los territorios y sus alianzas, ha permitido la atención de alrededor de 100 familias. Además de proporcionar recursos a través de vouchers multipropósito, el CISP ha brindado apoyo crucial con documentación y permisos necesarios para los traslados necesarios, beneficiando especialmente a niños, niñas y adolescentes (NNA) no acompañados. Para la fecha del reporte, en los diferentes puntos fronterizos, entre Venezuela y Colombia donde el CISP tiene presencia, se atendieron personas que querían llegar a países del sur y del norte de América, pero también a quienes buscaban regresar a su país de origen, Venezuela.
En el CISP, los medios de vida abarcan todas las actividades que aseguran las necesidades básicas, como alimentos, agua, vivienda y ropa. Los técnicos analizan las condiciones, necesidades y posibilidades de la población beneficiaria para desarrollar ideas de negocio o fortalecer iniciativas existentes. La experiencia y recursos de cada individuo son considerados cuidadosamente durante este proceso.
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